24 Nov 2017

UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIA DEBERIA SER POSIBLE

Adriana (nombre protegido), es una mujer venezolana de 30 años que vive en el Ecuador desde el año 2016. Pese a contar con toda su documentación en regla y además tener una profesión que la había ejercido con éxito en su país, no ha podido conseguir trabajo y se gana la vida con cualquier actividad: pinta cara de niños en los parques, vende cuanto artículo puede, en fin; cualquier cosa que le ayudará a conseguir el sustento para su familia, la que incluye un pequeño niño de 3 años.

Ella vino al Ecuador por dos causas. La primera, la crisis que se vive en Venezuela. Pero la segunda fue más determinante: estaba huyendo del maltrato que le era proferido por su pareja. De lo primero, aún con toda la dificultad, está saliendo adelante. Pero de lo segundo no. Su ex pareja, mantiene acciones de hostigamiento contra ella y su hijo.

Ella presentó una denuncia en la Fiscalía. Pero de muy poco le ha servido, puesto que, entre el hostigamiento y las confusas indicaciones de ciertos funcionarios públicos, la paciencia y las esperanzas se podrían ir agotando. Pero la muestra más increíble de los problemas que atraviesa esta valiente mujer (como muchas otras mujeres), es que las medidas de protección fueron emitidas tan solo luego de 49 días de habérselas solicitado.

Y esa emisión fue debido a que el equipo de incidencia jurídica de la Misión Scalabriniana (que ha tomado este caso desde hace poco tiempo), tuvo que ir de manera personal a “presionar” por algo que debería darse por lógica y al amparo de lo escrito en la ley. Ese mismo día, otras mujeres que estaban solas (sin patrocinio legal) bregaban por las oficinas de aquella Fiscalía, sin poder tener acceso a un proceso justo que además les proteja.

¿Por qué pese a las disposiciones legales existentes los casos como los de Adriana se multiplican en el Ecuador? A priori, la respuesta parece estar en la discrecionalidad con la que actúan ciertos operadores de justicia y que va acompañada de una serie de vacíos legales que son permisivos con los victimarios.

Pero el tema de la violencia (particularmente el que se dirige contra las mujeres) es mucho más complejo. Han sido una serie de construcciones culturales que han normalizado la violencia y que se encarnan en las relaciones de poder inequitativas. Situación que se agrava cuando en una misma persona se encuentran latentes varias condiciones de vulnerabilidad: su condición de regularidad siendo extranjera, el tener algún tipo de discapacidad, ser parte de un grupo étnico en particular, entre otros factores.

En este 25 de noviembre, cuando el mundo conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, queremos hacer un llamado a construir factores para que cada persona construya relaciones sin violencia y que propicien la equidad. Hacemos un llamado al estado ecuatoriano a adoptar medidas definitivas para prevenir cualquier forma de violencia (física, sexual, psicológica, patrimonial, obstétrica, simbólica, entre otras).

Como una forma de reiterar nuestro compromiso por una vida libre de violencia para todas las mujeres, y en particular para quienes viven en contextos de movilidad humana, queremos recordar el contenido de la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, así como otros textos oficiales y algunos análisis producidos por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH)

Para acceder a esta documentación, pinche el siguiente enlace: Convención sobre la Eliminación de Todas las formas de Discriminación a las Mujeres y documentos de análisis

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